El oportunismo ramplón se hizo presente en sector radical de la oposición venezolana, ante la incapacidad de generar alternativas viables para salir de la crisis, optando por la confrontación estéril y la abstención, con resultados miserables, que desnudan acto de cobardía y claudicación ante el tirano. Disfrazan sus deficiencias, y de forma atorrante promueven el abismo. Son el factor multiplicador de la desconfianza de las personas hacia la política y dirigentes que disienten de esas aventuras. Celebran triunfos como el de la no participación ciudadana del domingo 6D 2020, sin percatarse del hoyo en el que se encuentran. El 5E 2021 se juramentará nueva Asamblea Nacional (AN), y la minoría gobernará por encima de la mayoría, porque el capricho se impuso.
La inexistente conducción política en el desaparecido
liderazgo nacional centralizado de la oposición, reivindica la exigencia de los
ciudadanos en la estructuración de estrategia política, centrada en las
realidades objetivas y subjetivas presentes, para frenar la apetecida sumisión
de las personas por parte de los revolucionarios siglo XXI, y con ello, la
implantación definitiva del sistema colectivista. El encuentro entre los
venezolanos aferrados a la negación de esa paranoia es necesario, y comienza
con los representantes recién electos de la oposición en el seno de esa AN,
quienes deben convertirse en la voz de la mayoría, y presentar propuestas que
coadyuven a la dignificación de los ciudadanos, y el restablecimiento del
sistema de libertades.
Pertinente es borrar la huella de la improvisación e
inmediatez en la oposición, y dar paso a la metódica y sistemática
capitalización del descontento social, sustentados en la verdad, inclusión,
dialogo y organización de los ciudadanos de abajo hacia arriba, e ir
conquistando sin prejuicios los espacios de poder de gobernaciones y alcaldías,
con la participación ciudadana, que permitan debilitar el apoyo al actual
gobernante nacional, hasta alcanzar los cambios urgidos por la sociedad en el
poder ejecutivo. Basta del “como va viniendo, vamos viendo”. La convivencia y
estabilidad social está en terapia intensiva, con eso no se puede seguir
jugando.
La exigencia al oficialismo del respeto al Estado de Derecho
es inmediata. La elección del domingo 6D evidencia que se perdió una nueva
oportunidad de restar poder al régimen. La escasa participación de las personas
en las urnas electorales demuestra que la abstención es una decisión personal,
sin efecto práctico, al no elegir, ni decidir nada, porque la Constitución de
la República no dispone de mecanismos legales para eso. Distinto si en el texto
supremo se marcara pauta de los porcentajes mínimos de participación ciudadana
que debe lograr un gobernante para legitimar su triunfo, entonces se trabajaría
sobre la base de la legitimidad y legalidad del poder. Lamentablemente perdió
Venezuela y la democracia. Gano la minoría, pero otros, creyéndose dueños de la
verdad, se volvieron a equivocar.
Arturo Molina
@jarturoms1
www.jarturomolina.blogspot.com

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