Siempre hay días para nacer y renacer, pero también llega el momento de partir hacia esas llanuras infinitas del destino, donde el aire suave y cristalino de los tiempos van elevando nuestro nombre para que no sucumba en los silencios del olvido. El verdadero sentido de la vida es vivir, seguir viviendo y creciendo en el recuerdo de la lucha permanente por una causa, del amor a la patria, a la familia y a las amigas y los amigos. Aristóbulo fue todo eso, un amigo, un hermano, un camarada que entendió el mandato de Dios, quien pide lealtad y sacrificio.
No por casualidad, pero las fuerzas de las circunstancias y
las huellas profundas de la vida, quisieron que siempre estuvieras allí donde
la revolución te necesitaba. Fuiste un testigo presencial y principal de estos
tiempos de revolución. Siempre te recordaremos camarada, porque serás
eternamente el ¡Maestro Revolucionario!
San Cristóbal, 28 de abril de 2021

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