No nos caigamos a mentiras. Las bases militares instaladas en suelo colombiano y permitidas por el gobierno de Iván Duque tienen olor a pólvora. Son bases para la guerra, auténticos laboratorios que tienen el propósito de generar situaciones de conflicto, que luego serán aprovechadas, junto con el imperio, para lograr objetivos definidos de expansión establecidos en su agenda de agresión. Está claro entonces que los EE.UU siempre buscarán chivos emisarios para originar conflictos entre nuestros países para luego ejecutar su plan oculto que no es otro que adueñarse de las riquezas y territorios latinoamericanos.
Para nadie es un secreto que detrás del llamado Plan
Colombia, simulado con el perfume de la “paz y prosperidad”, pero que
lamentablemente huele a pólvora, están los Estado Unidos que quieren prolongar
la política de contención y contrainsurgencia. Esa “ayuda” que se estaría
brindando a través de las bases para acabar con el narcotráfico y la guerrilla,
viene acompañada con el reforzamiento de “asesores” para entrenar militares,
policías, paramilitares y mercenarios de todo tipo, es parte del paquete
intervencionista, el cual ha sido aceptado sin reparo por los sectores
oligárquicos de Colombia.
Entonces, lo menos que puede hacer el estado y el gobierno venezolano, con todo el aparato y estamento militar es activar la alarma y junto al pueblo y todos los componentes de nuestra Fuerza Armada Nacional Bolivariana estar preparados para defender la patria. Abramos los ojos, porque el enemigo es el enemigo. El pueblo venezolano debe permanecer alerta ante los planes terroristas de poderosos sectores internos y externos que, no sólo conspiran contra el gobierno legítimo de Nicolás Maduro, sino que también pretenden desestabilizar todo el país. Observamos que Colombia y sus aliados asoman todo un esquema de violencia narco-inducida que puede ser el detonante para ciertas escaladas, como la más reciente en el estado Apure.

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