La humanidad enfrenta la pandemia del virus chino con resignación. Los gobiernos del mundo han ido adecuando su inventario de las vacunas para satisfacer empresas transnacionales. El avance del negocio es redondo. Unos crearon el virus y lo lanzaron para el exterminio de las personas, y al poco tiempo ya promovían la posible vacuna, pero no sin antes, hacer grandes transacciones con los tapabocas. Los anti bacteriales se desaparecieron de los estantes de las farmacias y regresaron con su precio triplicado. El alcohol fue otro de los productos que tomo vuelo inalcanzable. Lavarse las manos con agua y jabón también tiene su momento de sufrimiento, porque quienes tenían el jabón, no les llegaba el agua, o a la inversa, o simplemente no tienen ninguno de los dos.
Las empresas de los fármacos irrumpieron con sus anuncios de
la vacuna, pero no se registraba seguridad de su efecto, y por lo tanto la
Organización Mundial de la Salud (OMS) no daba el visto bueno. Tal secuela
generó a su vez una especie de competencia con la Organización Panamericana de
la Salud (OPS), y en un perverso pin pon, se desgranaba a quien recurrir. Si
aquel no me la aprueba, entonces recurro a la otra, la una representa los
intereses del comunismo, la otra los del capitalismo. Cada quien se buscó su
pana, y ahí se fueron colando. Las llamadas potencias se promocionaban entre sí
para ver cuál era el mejor, y la asociación ideológica entraba en escena. No
importaba la cantidad de personas muertas, sólo se tomaba la cifra para generar
pánico y fortalecer el producto.
Se sembró en las sociedades, opiniones diversas. Los que
apostaban a que vacunarse es permitir la siembra del chip que le controlara su
vida, y los anunciantes de que aún cuando la vacuna no fuera efectiva lo
importante era frenar el virus y con ello la muerte. Está ultima es lógica y
sensata, y aparecieron los porcentajes de efectividad del 90%, 80%, 50%, 60%.
Todo un ballet propagandístico, y por fin la aparición de los permisos
requeridos para la compra y aplicación de la misma en los seres humanos. Ahora
la carrera era por quien y a quien le vendo más. La danza de los millones
entraba en escena nuevamente. Con el virus chino quebraron a muchas de las
llamadas pequeñas y grandes empresas, pero con la menuda tajada de
enriquecimiento de los consorcios internacionales, direccionados a fortalecer a
los gobiernos potencia (como el slogan de los revolucionarios siglo XXI).
Al teatro anterior,
ahora surge una nueva escena (parecida a la novela por estas calles), y es que
gobiernos complacientes como el de Venezuela, anuncian la compra de las vacunas
Abdala a su socio de la dictadura cubana. Los oficialistas se pasaron por el
retrovisor a la OMS y la OPS. El mandado estaba cumplido por los seguidores del
castrismo en la patria del Prócer de la Independencia Pedro Camejo (Negro
Primero), quien abandonó a las tropas realistas para luchar al lado de los
patriotas, y 200 años después debe estarse sacudiendo en su tumba al ver el
relajo en el que los revolucionarios siglo XXI han convertido su patria.
Una vez más la dictadura cubana saca a relucir su bandera
por encima de la venezolana, develando la traición a la patria por parte del
régimen. La polémica generada era una nueva distracción del oficialismo. La
recomendación sigue siendo la de siempre: use tapabocas (los caseros también
funcionan); lávese permanentemente las manos (si tiene agua y jabón) y mantenga
la distancia. Esa es la mejor vacuna. Que a nadie se le ocurra decir que la
pandemia es un negocio.
ARTURO MOLINA
@jarturoms1
jarturomolina@gmail.com
www.jarturomolina.blogspot.com

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