Después de doscientos diez años, los venezolanos y venezolanas, levantamos el rostro fulgurante, con la mirada infinita hacía los horizontes de la victoria y la libertad; sí, porque desde aquel 5 de julio de 1811, el rostro alegre de la libertad ha sido siempre el rostro alegre de la revolución.
En estos doscientos diez años hemos recorrido una historia
de lucha, donde las fuerzas de la verdad, esas que nacen del corazón, nos
impulsan cada día a no detener la marcha y seguir raudos hacia las llanuras de
la verdadera libertad. Así que nunca perdamos la esperanza y sigamos mirando la
libertad en nuestros sueños, en el rostro de ese niño y de esa niña, de esos
abuelos y esos hombres y mujeres que luchan cada día para defender nuestra
patria. De verdad, contemplemos la libertad en ese río cristalino que es la
vida; veamos y sintamos que el rostro de la libertad nos sonríe y nos da las
fuerzas de la inspiración para seguir construyendo los nuevos relatos que
lleguen hasta el alma de cada compatriota y juntos podamos decir: ¡Se hizo la
revolución!
Hoy, a doscientos diez años, la revolución venezolana
respira con fuerza y a pesar de los estornudos de Colombia, del imperio
norteamericano y de algunos demonios internos, gozamos de buena salud. Como
dirían, tenemos quebrantos, pero no estamos enfermos. Ya pasamos Carabobo, ese
sol inmenso que alumbra la conciencia de los pueblos libertarios y los que
sueñan esa libertad.
Finalmente, los vientos parecen huracanados, pero,
tranquilos, es que libertad y revolución se convierten en una sola teoría en
esta tierra de Bolívar, de Chávez, y todo este bravo pueblo venezolano,
dispuesto más que nunca a luchar por la victoria y la libertad.
San Cristóbal, 5 de julio de 2021

No hay comentarios:
Publicar un comentario