Se arriba al primero de mayo 2021, con los revolucionarios siglo XXI al frente del poder nacional. Ya son 23 años, llenos de penurias y agravios a las personas. La crisis socio económico se hace difícil de sobrellevar. Se les conculcan los derechos a los ciudadanos permanentemente, y la censura es abismal.
Las reivindicaciones de los trabajadores en función del
trabajo desempeñado es una barrera para el oficialismo en su propósito de
imponer la sumisión a los ciudadanos. Beneficios en áreas de la salud los han
llevado a su mínima expresión, y los centros de atención primaria que ayudaban
a mitigar situaciones difíciles, los dejaron en ruina y a merced del hampa.
Hasta el IPASME de los educadores, es muestra del monumento de la desidia
gubernamental. A eso le llaman
revolución, es decir, el salto al vacío y arribo de la inoperancia.
La cárcel surge como garantía para aquellos dirigentes
sindicales que osen desafiar al régimen, y con ello la persecución a los
trabajadores que se afilien a sindicatos y gremios disidentes al oficialismo.
No en vano, el ejercicio de las profesiones en Venezuela es nutritivo para el
pro oficialista y raquítico para el disidente. Todas son sometidas al filtro
gubernamental. Aquí el derecho al trabajo lo llevan al jala mecate rodilla en
tierra. Mención especial al periodismo independiente, quienes reciben estiércol
por sus hazañas de informar. El trabajo dignifica, y a los gobernantes
totalitarios les produce picazón en el ano, decía mi abuela Agripina, por ello,
anuncian limosnas, destruyen salarios y mantienen a la gente sin hacer nada.
Les generan la pereza y posteriormente los esclavizan.
Ni hablar de los jubilados, quienes después de trabajar
duramente en sus años de juventud, al llegar el momento del descanso los ven
como la lepra en expansión. Les niegan todo, les quitan lo que habían logrado
con su esfuerzo, y les tratan miserablemente. La sabia de la vida no se inmuta,
sigue firme en su propósito de lograr influir en las nuevas generaciones la
importancia de cambiar el actual sistema de gobierno. Entienden los mayores que
la carrera no es de velocidad, es de resistencia, y trabajan en función de la
organización de la sociedad. Miran con ternura, al contrario, aun haciéndoles
daño el menesteroso. El tiempo de Dios es perfecto, y cada quien en su momento
pagará ante él por sus culpas.
La lucha de los trabajadores no es por el salario, es por el
derecho al trabajo digno y la libertad. Si no hay cambio de modelo político, la
situación va a empeorar. La disidencia tiene la responsabilidad de frenar el
totalitarismo gubernamental. Las elecciones de gobernadores y alcaldes en
diciembre 2021, es otra oportunidad.
ARTURO MOLINA
@jarturoms1
www.jarturomolina.blogspot.com

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