A medida que se aproxima la contienda electoral del 21 de noviembre de este año, los partidos políticos y sus más importantes dirigentes, se preparan para ganar la confianza y el respaldo de la mayor cantidad posible de electores. Unos han sido constantes en ello, otros intermitentes. El ambiente de la calle, no es fácil, la pandemia, la crisis económica, el egoísmo y el egocentrismo de algunos, complican ese horizonte político a conquistar.
Es la calle en todo caso, el mejor escenario social para
enfrentar al actual régimen, debilitado en su legitimidad y en sus escasas
ejecutorias. En la calle los políticos que creen en la política, se pueden
reencontrar con los ciudadanos de sus territorios. Les plantean sus ideas y
contestan las preguntas que ellos les hacen o asumen el compromiso de hacer las
cosas bien, en caso de resultar electos para el cargo deseado.
Salir a las calles, en estos tiempos, no es tarea sencilla
para algunos candidatos; ellas y la gente son también jueces sociales que
examinan el proceder público de muchos de ellos. Su contribución constante o no
al fortalecimiento de la Democracia o de la calidad de vida de sus vecinos o
electores. La gente muestra entusiasmo, reserva o rechazo al verlos. Y es que
en las calles sus pobladores comentan de la necesidad de elegir bien, y ello
pasa por la realización de elecciones primarias para escoger gobernadores y
alcaldes y evitar así, dañar los intereses de la causa democrática.
Ahora bien, lo que si, no se debió hacer, ni se debe repetir
más nunca, es no buscar a través de la política la calle y a su gente. Las
consecuencias de tal desinterés, son graves y duraderas para nuestra sociedad
hoy en día, entre otras, abandonar a la gente a su suerte y rendirse de manera
fácil, al considerarse que la supuesta superioridad del régimen, es evidente
frente a las posibilidades de derrotarlo por la vía política y electoral.
Estar en la calle para hacer política real y efectiva, permite además hacer una protesta cívica y contundente contra las actuales condiciones de vida, identificar a los verdaderos dirigentes y a aquellos que se ocultan para olvidarse de la gente y luego reaparecer con subterfugios y falsedades. No vale la pena abandonar la calle entonces, ella es el termómetro que muestra el grado de aceptación o rechazo que los partidos y sus dirigentes puedan tener en estos tiempos electorales de complicados procederes políticos y hasta éticos.

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