Hacia el año 335 ac., el gran Alejandro Magno, arribó a las
costas de Fenicia, para enfrentar una de sus más grandes batallas.
Al desembarcar, cae en cuenta que las tropas enemigas, superan hasta 3 veces el tamaño de su ejército; el temor cunde entre sus soldados, se respira un aire de desconfianza y derrota anticipada; no hay fe ni motivación para la batalla; por primera vez, aquellos guerreros, otrora invencibles, tenían dudas sobre el resultado del eventual enfrentamiento.
Tan pronto desembarcaron sus tropas en la costa enemiga,
Alejandro los sorprendió ordenándoles que todas las naves que los habían
transportado hasta allí; fuesen quemadas totalmente.
Mientras las llamas consumían las embarcaciones; reunió a
sus hombres y les dijo: observen cómo se queman los barcos, si no ganamos, si
somos derrotados, jamás podremos retornar a nuestros hogares, quedaremos
atrapados en estas tierras porque la única salida es por el mar, la única forma
posible para volver a casa es, en los barcos de nuestros enemigos.
Ante esta cruda realidad, su ejército libró una de sus más
épicas batallas, logrando la victoria, luego de lo cual pudieron navegar de
vuelta a su tierra a bordo de las naves conquistadas, para nada hubo un plan
´´b´´, en caso de derrota, no había opción alterna, sólo les quedaba, vencer o
morir.
Las enseñanzas de este hecho histórico, son propicias para
reflexionar y aplicar esas motivaciones al caso actual de Venezuela, necesitada
de una acción única de todos los sectores políticos aglutinados en la
plataforma unitaria opositora que permitan centrar todos los esfuerzos en un
propósito común y único, enfocado en poner fin de manera total al actual
régimen, responsable de la destrucción, ruina y miseria, generadora de la
gigantesca tragedia humanitaria actual.
Para la oposición venezolana, ha llegado la hora de: “quemar
las naves”, enfocándose en un sólo objetivo; no debe existir ningún plan ´´b´´,
un por si acaso, en esta hora aciaga, el plan de salvación nacional planteado y
llevado adelante por Guaidó, contando con el respaldo de los liderazgos del
llamado G4, más la sociedad civil, deben contar con el apoyo de todos los
factores políticos, sin ningún tipo de mezquindad o proyecto personal. Se
requiere de un acuerdo integral que posibilite el rescate de la democracia, así
como la restauración de todas las instituciones políticas. Quienes dicen
respaldar el acuerdo de salvación nacional y a su vez, tienen un plan ´´b´´
para participar en las elecciones convocadas por el gobierno, para nada
contribuyen a la solución global y definitiva, juegan a seguro, cara o sello y
ganan con ambas posiciones, justificando sus ansias de poder con el trajinado
cuento de que: “ no hay que regalarle espacios al gobierno”; se trata de una
posición ecléctica que además de dividir y confundir a la oposición, le hace el
juego al gobierno al que dicen desconocer por ilegítimo.
Sigamos el ejemplo de Alejandro Magno, ha llegado la hora y
el momento de “quemar las naves”; la ruta es única, la solución en esta hora
para poner fin a nuestro holocausto, depende del éxito de las conversaciones y
acuerdos iniciados en México. Enfoquémonos en respaldar a nuestros representantes
en la mesa de negociación, de ellos depende en gran parte la defensa de
nuestras justas aspiraciones como pueblo, frente a la posición hegemónica del
régimen negador de libertades y justicia, así como secuestrador de la
democracia.
Durante 22 largos años, hemos estado buscando la oportunidad
de recuperar nuestra libertad, ella siempre ha estado ahí, sólo que prisionera,
debemos reconquistarla.
Abg. Jorge Valenzuela

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