Las elecciones de Gobernadores y Alcaldes del domingo 21 de noviembre, permiten hacer valoración de varios escenarios para el análisis cualitativo de los resultados. El régimen sale airoso al ganar la mayoría de gobernaciones y alcaldías. Su estrategia de generar desconfianza en los electores en cada evento electoral, y la institución que se encarga de los mismos, se concretan con la abstención, transformándolo en el mayor elector. La otra tiene que ver con la división generada en las oposiciones. El concepto de unidad ha sido manoseado hasta el cansancio, y hay quienes expresan que lo prostituyeron.
La fase estratégica del oficialismo en mantener a los dirigentes
de la alternativa democrática en diatriba permanente estimuló choques, que en
algunos casos lucen irreconciliables. La siembra del mesianismo ya no es sólo
del lado oficialista, ha irradiado con fuerza en la oposición, al extremo que
existen personas que se creen superiores a otras, y se aferran allí, para
generar el saboteo, por ello, se negaron a la participación en las primarias.
Cientos de escritos recorrieron los diferentes medios de información,
destacando que con esa postura se le estaba entregando gobernaciones y
alcaldías al régimen. No escucharon, hoy son responsables de esa derrota.
Sin embargo, también se debe revisar del otro lado, lo que
sucedió en algunos municipios en donde los resultados favorecieron a los
divisionistas. Allí se puede palpar que funcionó el liderazgo local, sumándole
votos al candidato rezagado, no les alcanzaron para el triunfo regional, pero
sí para hacer el daño que tenían planificado. Eso pudiera interpretarse como la
falta de operador político y de estrategia, para haberlos sumado al lado
ganador. Tal vez el enfoque fue hacia el aspirante a gobernador, y se dejó a un
lado esa posibilidad. No se descarta, tampoco se afirma. En algunos casos se
hizo el esfuerzo de convocarlos para realizar primarias, se negaron, y en
otros, donde participaron, después de perder, no reconocían al ganador.
Entonces algo pasó con ellos, allí hay mucho enredo y explicación por dar.
El otro elemento tiene que ver con la ausencia de disciplina
a lo interno de los partidos para llevar el mensaje de forma coherente a los
ciudadanos. El choque entre varios aspirantes de una misma organización
política, pulverizó cualquier intento unificador. Todos apostaban a comer de la
misma torta. Nadie pujaba por pellizcar otro lado. Esa desunión fue artificie
para ahuyentar a los electores de esas organizaciones, y de factores
independientes. Se imponía el portaaviones, pero eso, no era suficiente.
Los resultados del 21/11/2021 reafirman que el cambio de
sistema de gobierno es por la vía electoral. Además, tumba el mito de que el
régimen es la mayoría. La organización de los ciudadanos sigue siendo de abajo
hacia arriba. No ganó el régimen, simplemente, la oposición
abstencionista-divisionista se metió una vez más, un nuevo autogol, y perjudicó
a la mayoría. Es sencillo, le apostaron al sistema de las comunas.
ARTURO MOLINA
@jarturomolina1
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